11/6/05

R&R (11/6/2005) Rubicera-Mortero


 primera sesión
       Cada ser humano se sabe de memoria su lección. Y cada uno tiene sus razones. Este animal tiene tres cabezas y ningún cuerpo. Este animal devora la paciencia de todos. Corre el río y lleva sus aguas. Nada es lo que parece pero no hay dobleces, solo ceguera.
      Cuatro de Junio del 2005. César quiere ir al Carrio. Me gustaría ir a Hoyo Salcedillo a continuar la historia interminable (En el valle de Leiva hay una vía de escalada, audaz y elegante, que se llama igual: Historia Interminable). Y Moisés quiere ir a la travesía Rubicera/Mortero.  Quiere llevar a Susana a la Rubi. Vamos pues.
      Mientras César y Moisés van a montar la cuerda de salida en el Mortero de Astrana me voy con Susana y Sergio camino de la Rubi. Hay niebla. Las plantas están cargadas de rocío que nos empapa. Sergio protesta débilmente. Le quito importancia: así ya no te mojaras después, pues estas mojado ya. Los intentos de charla se quedan en monosílabos por mi parte. Trato de hacer el camino ahorrando esfuerzo.
      La bocaza, la boca y la boquita. Nos vamos a la boca y nos preparamos. Tenemos tiempo mientras llegan Moisés y César. Charlamos. Escalada, espeleo, los idiomas de Susana. En su valle suizo Susana habla un dialecto del alemán. También habla inglés y francés. Y empezará con el ruso dentro de poco. Sus conocimientos de castellano incluyen la utilización precisa de las formas verbales subjuntiva y potencial. Susana deberías tener cuidado con los cántabros que te van a confundir... Durante un rato Susana y yo hacemos juntos la cabra española y la suiza. 




      Al cabo de un rato llegan los instaladores. Comemos algo. Nos adentramos con rapidez. Son las doce de la mañana. Hasta la estrechez entre bloques vamos a buen paso. Las dudas son escasas. Nos ponemos en el pozo de 30 en tres cuartos de hora. El camino que utilizamos hacia el río de la Rubicera es nuevo para Moisés y César. Ellos solo conocen el acceso más obvio.
      Hay poca agua. Este meandro tiene sección de T invertida la mayor parte del tiempo y de H tumbada también. Nos deja mojados. Pero contentos. La mojadura es feliz. Feliz en su vuelo. Fugaz. En la confluencia de la Vía Real con el río, aguas abajo, hay un lago. Profundo y azul. Si no estuviera tan frío sería mi piscina predilecta. Sergio pregunta muchas veces. Todo lo que se le ocurre. Y César responde hasta el límite de sus fuerzas. Yo carezco de fuerza para responder tantas preguntas. Al borde del pozo de 90 arrecian las preguntas. Las cuerdas del pasamanos han sido renovadas. Toda la instalación desprende seguridad. Dudamos si aguantará las preguntas de Sergio.
      Por mí seguiríamos sin parar hasta salir por el Mortero pero la mayoría tiene hambre. Nos paramos en la base del primer pozo ascendente. Sacamos comida y bebida. Moisés ataca la cecina que he traído. César critica las instalaciones. Es lo normal. Seguimos por el meandrillo con pocetes de subida y breves destrepes y trepadas. Hay más críticas al estado de las instalaciones. Poco después echo un vistazo a la continuación de la galería que no conduce al Mortero. Parece interesante. La utilizo para defecar sin que nadie me moleste.
      Los dos pozos finales de acceso al río del Mortero están bien instalados. Mientras Moisés, Susana y Sergio hacen turismo visitando la cabecera del Gran Pozo, César y yo luchamos por inflar el bote. Resulta una tarea agotadora. Al cabo de un rato, con el bote mal hinchado, atravesamos el lago renqueando. Agarro una quemada especial. En cuanto pasa Sergio seguimos río arriba por los pasamanos y las marmitas. Esta todo bien puesto pero una de las cuerdas esta muy rozada y prefiero pasar por abajo mojándome. Hay que sustituir esa cuerda pronto. Si no se hace, alguien va a bañarse con batacazo añadido.




      Luego me entero que estábamos inflando el bote por la válvula de vaciado...listos los chavales. Geniales. Del final de los pasamanos a la salida Sergio y yo no paramos. Han instalado un pasamanos en una zona de aguas profundas cerca de la cascada del Leolorna y también en la última rampa antes de la Sala del Caos. Todas estas nuevas instalaciones hacen el tránsito rápido y ágil. A las seis y cuarto acabo de subir la última rampa entre lujuriosa vegetación. Hemos tardado, eso, 6 horas y ¼ en hacer la travesía. Nos bajamos a Solares directamente 




segunda sesión


       
Hoy viernes me paso por la reunión del club. La gente llega a las nueve y más tarde. Lo mejor sería cambiar de hora la reunión. Va cuajando una salida a la travesía Rubicera/Mortero. Sin embargo tenemos un problema. El encargado de material no aparece. Una conserje se aviene a abrir el cuarto de material: no hay carburo. Hace tiempo que llevamos diciendo que queda poco. El fin de semana pasado solo había morcillas sueltas pero nada en los bidones. Eficacia total. Nos hemos quedado sin carburo en el club de espeleo. Era una noticia anunciada. Resolvemos el atolladero con una llamada a Alfredo. Nos dejará un bidón con carburo en la puerta de su casa de Ramales. 

     Once de Junio del 2005. Estamos en Solares a las siete de la mañana. Primero llega Manu, luego yo, luego Noelia (traída por su padre), después Julio, a continuación Manrique, más tarde Amelia y José. Es la primera vez que José hace espeleo en su vida. Como es un buen escalador espero que aprenda las técnicas verticales instantáneamente. Si no lo consigue tendremos un problema. Nos vamos por Ramales y Soba. El viaje se hace pesado. Pesadísimo. Vamos tres coches. El mío y la furgo de Manrique suben hasta el Mortero. Allí se queda la furgo y nos bajamos todos en el mío. Hemos conseguido un ahorro de tiempo gracias a unos madrileños que van a hacer el Cuivo/Mortero y que nos instalan la cuerda de salida por el Mortero (esos madriles conocen a César y estuvieron conmigo, no hace mucho, en el Torcón de la Calleja Rebollo). Julio recoge a Vanesa en Hoznayo (¿), pasa por donde Alfredo y estaciona en la curva enfrente de la cascada. Allí nace el grupo.
      Cuanto falta?  es la pregunta que se repite una y otra vez durante la aproximación a la Rubi. Yo mismo empiezo a preguntársela a mis compañeros. Todos nos preguntamos cuanto falta. Lo que no preguntamos es ¿qué falta?.  No importa sólo cuanto, sino también qué falta. Quizás falta inspiración. O imaginación. O sutileza. O brío. También faltan metros en la cuerdecilla del rápel entre hazas. Todos rapelan y yo destrepo. Nos ponemos a prepararnos. Lo conseguimos a las doce menos cuarto. Y entramos. Entre la cita en Solares y la entrada a la Rubi han pasado casi cinco horas. No esta mal.
      La estrechez entre bloques es una prueba severa para José. La pasa bien. Amelia también se inquieta en ese paso. Las galerías fósiles se entretienen con nosotros. Me encuentro muy sensibilizado por la conservación de las cuevas. Y por el ruido. El ruido nos impide estar con nosotros mismos. Solo los seres humanos creamos ruido. La naturaleza, los animales no hacen ruidos. Solo sonidos. Manrique pisa una zona de arena virgen. Le digo que no lo haga. Pisotea todavía más. Saltan chispas de incomprensión. Hace tiempo visité en Cellagua las galerías de los Borgoñeses. En su zona más remota esta la Galería del Sahara. Hay dunas de arena de miles de años, quizás millones. Los franceses han creado con sus huellas un estrecho sendero respetando el terreno virgen. Me maravilla su belleza y la sensibilidad de los exploradores.


      Llegamos al pozo de treinta. Bajo el primero y me echo una siesta. Mientras tanto arriba, en el pelotón, se forma un guirigay tremendo. Julio, Manu y Manrique rivalizan pedorreandose. Rugen de risa. Al poco me
despierto sobresaltado creyendo que se derrumba el pozo entero. Al cabo de una hora y media estamos todos abajo. Es posible que nos hagamos famosos en el mundillo de la espeleo como pedorros. Incluso podemos crear una página web: www.pedorrosypetardas.com


     Durante el resto de la travesía consigo preocupar al personal haciendo predicciones catastróficas respecto a la hora de salida. Ya veremos si mañana por la mañana hemos salido... a este ritmo es posible que para las doce... calculo que quizás en seis horas más... y cosas semejantes. Consigo que empiecen a implicarse en el avance. El río de la Rubi nos entusiasma a todos. Y la Vía Real más todavía. El pasamanos del Pozo de 90 inquieta a varios. Vanesa pasa algún miedo. Lo manifiesta. Los demás nos comportamos como machotes. Los machotes nunca manifiestan su miedo. El mundo está lleno de machotes.
      Comemos en la sala donde comienzan los ascensos por cuerda. Así subiendo y comiendo, todos aprovechamos el tiempo. Desde hace un rato oigo unos bramidos semejantes a estertores. Se trata de Manu. Comienza a preocuparnos. Temiéndonos lo peor, le preguntamos qué le pasa. Nos alivia saber que solo se está aclarando la garganta...


      Los dos pozos ascendentes nos torean un rato. Cuando llego a la cabecera del último le doy instrucciones a Amelia para que no se despisten en la continuación hacia el lago del Mortero y me voy con José tan rápido como puedo a hinchar el bote. Comienzo los transbordos llevando a José. Se nos da bien. El lago nos transmite calma y suavidad. Cuando vuelvo ya está allí Amelia y vuelvo a hacer otro trasbordo. A la vuelta me encuentro con Noelia y Vanesa. Manu, Julio y Manrique se han quedado atrás poniéndose el neopreno. Les rujo que deberían habérselo puesto junto al lago para organizar el tinglado. Vanesa traía neopreno, pero ahora no quiere mojarse. Me ablanda el corazón y tras pasar con Noelia vuelvo a por ella. A todos nos encanta pasar el lago en bote neumático. Somos como niños. 



      Recogemos el bote en un instante húmedo. Ya llegan los nadadores con su neopreno. Todos nos mojamos, aún más, hasta llegar al comienzo de los pasamanos del Mortero. Los pasamanos son como son. Así aprendemos todos. La cuerda de una de las marmitas solo tiene tres hilos y está a punto de cascar. Debería haber traído un trozo de cuerda para sustituirla. Algunos/as llevan las bagas de anclaje largas demasiado cortas. Mantienen cortas batallas para liberarse de las cuerdas que les dejan baldaos/as. Hacemos una paradita para reagruparnos en la desembocadura del arroyo del Cuivo. Al cabo de un rato nos movemos por las rampas y por la Sala del Caos. Asomamos a la luz del día. Los primeros salen como a las nueve y cuarto y los últimos como a las diez menos cuarto.
   Durante un rato observo el éxtasis de Manrique.
   Se ha quedado en silencio.
   La boca del Mortero de Astrana produce silencio.
   Volvemos a los coches.
   Aparece Mois&Susana.
   Estalla una tormenta.
   Nos da un ataque de risa. 

  

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