26/10/08

Forbidden Lands III (18/10/2008 y 25/10/2008)

 1.Ríos
       Miguel hablaba de las fiestas de Balmaseda, de sus hijos, de una chica muy joven que tuvo un derrame cerebral. Quizás los anticonceptivos y el tabaco. Conducíamos con calma y delectación.
Volvíamos de nuevo a la cueva que tanto nos motivaba... Ahora estábamos en un río. Sonidos de arroyos subterráneos discurriendo bajo bóvedas oscuras. Nos pareció oír voces humanas, lejanas, murmullos suaves y risas apagadas. Como entre sueños la conversación de un grupo de jóvenes a la orilla de un lago bajo los árboles.
      En el exterior hacía un día de sol radiante y colores nítidos. Jesús Olarra con un amigo, y esperando a otro, estaba a punto de entrar en la Red del Gándara. Salía un viento muy potente por la boca  de la cueva. Las rocas estaban más húmedas que otras veces. Avanzamos cueva adentro hasta un lugar en que nos vimos obligados a calzarnos trajes de neopreno. 
      Primero fue un río que iba hacia el este. Luego se le unió un afluente grande, con sonidos de pequeñas cascadas, que venía del oeste. Al poco el río formado por la unión de los dos giró hacia el oeste 180º. Transparente el agua sobre arenas gruesas. Siempre recreando la escena del arroyo... ningún tiempo que ganar. Nunca. Solo los guijarros dormidos en un sueño nítido. Unos 200 metros más allá el río volvió a girar 180º enfilando hacia el oeste. Tras recorrer un tramo mediano se le unió otro afluente por la izquierda procedente, más o menos, del noroeste. Decidimos tomar este último afluente que nos remitía hacia el interior del sistema. Después de seguirlo durante un tramo, no muy largo, en que la abundancia del barro tapizando paredes y bloques fue en aumento, llegamos a una bifurcación. El río giraba hacia el este de nuevo y a mano izquierda una galería fósil ascendente nos elevo dando revueltas unos quince metros por encima del nivel del río. La galería acababa de forma abrupta en un balcón sobre un curso fluvial que, luego comprobamos, era el mismo río por el que veníamos.
     Volvimos de nuevo al cauce y continuamos por una zona de tránsito más pesado. Había que agacharse y en algunos lugares seguir conductos alternativos. Dibujábamos flechas sobre el barro húmedo, clavábamos menhires verticales en el suelo, nos fijábamos en los detalles para no dudar a la vuelta. Como las aguas del río se hacían  imposibles de transitar bajo un caos, Miguel se encaramo con dificultades a la montaña de bloques resbaladizos, pero al otro lado era imposible descender sin cuerda. Por debajo de los bloques un laminador medio inundado y tapizado parcialmente de barro era la única continuación viable. No la seguimos, decidimos dejarlo en ese punto, y volver mirando los otros ríos. Uno de ellos se perdía en aguas profundas en las que se hacía necesario nadar. El otro provenía de una zona de pequeños rápidos y cascaditas con un laminador.   
          Las instalaciones de acceso a los ríos estaban en condiciones penosas. Todos los parabolts (salvo uno) giraban locos sin posibilidad de apretar las tuercas. Durante el ascenso tuvimos que separar la cuerda de la vertical tirando de ella a mano para evitar un roce.
      Salimos temprano y volvimos por Ramales. En la plaza del pueblo había algunos puestos de feria aún abiertos pero estaban recogiendo ya.

2.Meandros
      Una semana después parecía que no íbamos a entrar en la Cueva del Gándara. Miguel (BALM) andaba liado con la vela y el viento de las regatas. Pero me llamo Pepe (SEII) con intención de venir a pasar el fin de semana en Laredo y hacer espeleo el sábado. No me negué. Fuimos al local de la Federación para ver a Juan por si se animaba. No estaba y cuando hablé con él ya tenía un bonito plan para ir a Rionansa. Sin embargo Miguel (SCC) y Eva, sin mucho entusiasmo, se unieron al plan. Manu no se enrolo en este cayuco y Julio, del que no tenía noticias, tampoco. Quedamos a las 8 ½ en Solares y a las 9 en Laredo. Nos acercamos a La Gándara por Soba.
     La vida nos planteo un día espléndido pero muy frío. A las diez, o poco más, estábamos entrando tranquilamente en la Cueva del Gándara. Hicimos algunos altos para reajustar los equipos y la vestimenta, antes de alcanzar una hermosa galería que, al principio, tendría unos 10X20 metros de sección. Algún desfondamiento y varias trepadas hicieron complejo el avance. Pepe exhibía un talante feliz, Eva de ligera protesta y Miguel parecía serio. A mi se me hacían innecesarias las palabras aunque la verborrea me fue ganando terreno.


       Llegamos a un punto en que era posible continuar por dos caminos: bien descendiendo entre bloques ciclópeos, bien ascendiendo un poco más arriba y a la izquierda por una galería de apariencia más modesta. Decidimos seguir esta última opción. Enseguida llegamos a un meandro desfondado de un metro -o poco más- de anchura y de profundidad incierta que nos corto el paso. Bajando un poco, una travesía en oposición algo delicada permitía salir al otro lado. Para mayor seguridad instalamos un corto pasamanos, que sirvió para que los que no hacían nada fueran almorzando. Eva se puso nerviosa en el pasamanos pero al final no hubo contratiempo.

     Más adelante la galería se resolvió en un hermoso conducto, a veces múltiple, de buenas proporciones y formas redondeadas. De vez en cuando teníamos que buscar la continuación y algún resalte exigía más dedicación. El avance era tan entretenido que el entusiasmo se fue instalando entre Pepe y los demás. A veces Eva pasaba algún apuro y Miguel le daba la opción de volver hacia la salida tranquilamente. Pero para nuestra felicidad, siempre resolvíamos la dificultad. En una ocasión tuvimos que colocar una pila de piedras en forma de escalera para alcanzar el suelo en un destrepe. Y así, sin darnos cuenta, llegamos a un rellano en que se presentaron varias opciones de continuación.
     Escalando en chimenea unos diez metros directamente y luego trepando por una placa arenosa se alcanzaba una continuación, apenas hollada, muy problemática por los grandes bloques que exigían continuas trepadas y destrepes arriesgados o quizás imposibles. Otra opción consistía en una ventana a dos metros de altura que se resolvió en una ratonera. Finalmente una cuerda instalada por los espeleos del SCD permitía alcanzar una ventana a unos diez metros de altura por la que pudimos continuar, no sin ciertas dificultades, avanzando por una coqueta galería. Un resalte nos obligo a colocar un cordino. Los bloques exigían una atención exhaustiva.
     La galería volvió a tomar dimensiones espectaculares. Encontramos un escarpe instalado que nos llevo a posarnos sobre el fondo de la galería. Avanzando algo más un desfondamiento imponente nos exigía un pasamanos pero no nos quedaban cuerdas. Comenzamos la vuelta. A medio camino nos confundimos de ruta, en un punto en que había que dejar el fondo del meandro y subir, pero enseguida dimos con el camino correcto. Fue una desagradable sensación.
     Unas diez horas después de haber entrado salíamos al valle de Soba. El cielo nítido, cuajado de estrellas y una pieza de música clásica que emanaba desde La Gándara nos saludaron. Poco después de las diez nos despedíamos de Pepe en Laredo y seguíamos hacia nuestras casas.

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