22/10/17

Videomensaje


La idea de realizar un vídeo con las fotos surgió de Hilario. A mi no se me hubiera ocurrido porque amo demasiado la letra escrita. Pero cuando me lo dijo, durante la fiesta de aniversario del SCC de finales de agosto, me resultó de lo más obvio. Un soporte de comunicación que puede ser muy contundente si se sabe usar. Para transmitir ideas nuevas es superior al formato escrito en el sentido de que permite llegar a muchas más personas. Ver un vídeo de tres minutos cuesta mucho menos que leer un texto que pretenda transmitir lo mismo. Menos tiempo y menos esfuerzo. En ese vídeo se trataría de enviar un mensaje proteccionista con el apoyo de las fotos.  
Para realizar el vídeo pensé de inmediato en A. Dólera. Es espeleólogo, es un profesional consolidado de la imagen y es un gran amigo. Además el mismo A. Dólera me había sugerido, hace ya tiempo, la idea de hacer un vídeo para apoyar el mensaje de las fotografías. El único problema era que la agenda de A. Dólera es compacta e impredecible. Pero a finales de septiembre llegamos un acuerdo sobre las fechas. Haríamos una sesión en la última quincena de octubre. Quedaba por resolver con quién haríamos la sesión y en qué cueva.
La primera propuesta fue hacerlo en las cuevas de Sant Josep de Castellón con una amiga de A. Dólera  llamada Esther y que es música. Pero Esther tenía una agenda que nos hubiera llevado a editar el vídeo a mediados de noviembre. Teniendo en cuenta mis propias necesidades pensé hacer una sesión en Cantabria con Irene, una amiga violinista.
A A. Dólera la idea de pasar un par de días en el norte visitando alguna cueva le gusto. Y a Irene la idea de posar le encantó. Fijamos una sesión para el 22 de octubre. Un conocido me proporcionó el contacto de un músico flautista, Juan Saiz, que tocaba y grababa en cuevas. Pensé que podía ser interesante juntar a ambos músicos en la misma sesión. Violín y flauta. No obstante cuadrar en esa fecha a todos me pareció un suceso poco probable.
          Mientras tanto fui una tarde a la Cueva del Narizón para revisar sus escenarios. Aunque la cueva tiene varias salas medianas bien decoradas me pareció un poco complicada para Irene. Pero lo peor eran los alrededores para las tomas con el dron: un polígono industrial.  Llegó la respuesta positiva de Juan –y la de Irene-, llegó la idea de realizar el video en el marco incomparable de La Puntida y llegó A. Dólera procedente del sur. 



El domingo 22 por la mañana unas nubes oscuras amenazaban con descargar lluvia. Pero en Ajanedo el tiempo se mantuvo estable. Solo cayeron unas pocas gotas. Esto nos permitió realizar un vuelo del dron del que obtuvimos unas hermosas visiones del valle del Miera. Además realizamos tomas de video subiendo por el bosque, en la boca de La Puntida y cuando se estaba preparando la sesión.
La idea era realizar una sesión fotográfica en las salas más decoradas de La Puntida. Sin embargo hubo que cambiar de planes. A Irene el ambiente subterráneo -y el tránsito por zonas de bloques con pequeñas trepadas y destrepes- le afecto sobremanera. Cuando comprobé que la localización proyectada no era alcanzable hice un intento de sustituirla por las pequeñas galerías de la derecha en donde hay también buenas localizaciones. Pero el paso entre grandes bloques o el deslizarse entre dos bloques no era posible tampoco para Irene. Finalmente nos conformamos con la zona plana final a la derecha de la sala de entrada.
En sí la sesión fue sencilla y rápida. Disposición de flashes en X + flashes de paisaje en dos posiciones.  Usé el 55mm para todos los disparos. Finalmente fui tomando las tomas de paisaje. A la salida A. Dólera hizo una entrevista a Juan para incluirla en el vídeo.
            El tiempo había mejorado cuando salimos de la cueva. Invitaba a quedarse por allí el resto de la tarde. Nos fuimos a tomar algo y a comentar las vicisitudes al mesón de San Roque.  Las croquetas que preparan son excelentes. Y en general todo lo que cocinan está superior.
          A finales de la tarde A. Dólera y yo tuvimos tiempo todavía de hacerle una entrevista a Ramón Bohigas. Y al dia siguiente, lunes, los entrevistados fuimos Adrián y yo mismo. Con todo ese material había de sobra para sacar adelante un vídeo de tres o cuatro minutos y otro con entrevistas de más largo. Quizás hasta veinte minutos. Suficiente para enmarcar y lanzar el mensaje proteccionista y de conservación del Patrimonio Subterráneo…

21/10/17

Breve



Contacté con Miguel el jueves 19. Me dijo que iba a Udías con Nacho y Manu. Tenían intención de explorar unas nuevas galerías en una zona no demasiado remota. Yo tenía que estar pronto en casa para recibir a un amigo que venía del Sur. Y ellos no tenían prisa. Era un poco difícil compaginar ambas cosas. Quede con ellos para acompañarles en el trayecto facilón. Y luego me saldría haciendo fotos. O lo que se me ocurriese en el momento.
Antes de ir Bustablado desayunamos en un bar de carretera llamado Los Abetos. Aunque aparentaba ser un bar corriente los pinchos que ofrecían sobre el mostrador se revelaron como pequeñas joyas culinarias. Pedí uno que presentaba una combinación de salsa, calamar y vegetales de ensueño… allí no parecía haber prisa por nada. Mientras disfrutaban de un desayuno imperial saqué la cámara y me puse a retratarlos. Al cabo de un rato interminable de charlas variopintas nos marchamos por la puerta en dirección a Bustablado.
De un  zulo cavernario, al que llaman almacén de material, Manu sacó un montón de trastos destinados a seguir con las exploraciones espeleológicas en Udías. Los metió en su furgoneta, se montaron él y Nacho en ella y yo les seguí en mi coche acompañado por Miguel. No tardamos casi nada en llegar a Sel del Haya.
Los preparativos con calma suelen dar muy buenos resultados. El día se presentaba inmejorable para disfrutar al aire libre. No había ninguna premura por entrar en el oscuro agujero minero. Al menos por mi parte. Reconozco que le tengo cierta inquina a la Cueva-Mina de Udías. He de admitir que posee rincones de una singularidad y belleza excepcionales, pero la necesidad de recorrer largos tramos de mina, zonas de barro pegajoso y sectores de río contaminado me predisponen negativamente. No es una cueva que me resulte energéticamente rentable. Al menos a mí.
Sólo tuvimos que caminar cincuenta metros desde la entrada. Cuatro seres blancos, aliens en un mundo de sombras, nos esperaban en el camino. Pasamos a su lado con un cuidado exquisito. Fotografiarlos con calma suponía un tiempo. Mejor hacerlo al salir: pues ahora no quería interferir en el ritmo de los exploradores.
Las galerías seguían iguales que en mi recuerdo. Nada parecía haber cambiado sustancialmente. ¿O tal vez eran mis recuerdos los que se adaptaban a lo que veía? Por que ¿dónde moran nuestros recuerdos cuando no son recordados? ¿Acaso en un conjunto de neuronas? ¿O quizás en una configuración de actividad neuronal? De cualquiera de las maneras en que ese enigma se intente responder la respuesta nos conduce a nuevas y más difíciles preguntas. Después de eso llegamos al lugar donde los caminos cómodos se acababan para Miguel, Nacho y Manu. Iban a explorar. Les hice un par de fotos y me despedí de ellos.
Volvía solo hacia la luz. Nunca he sentido temor en las cuevas. Me producen un sentimiento de ser acogido y protegido. Es algo casi onírico. Por eso practico -a veces- la espeleología sin compañeros humanos. Me acompañan los otros compañeros que pueblan la mente en número ilimitado.
Llegue a mi cita con los aliens. Allí estaban sin más. No necesitaban la luz. Coloqué la cámara sobre la saca y, para iluminarlos lateralmente, pose un flash a cinco metros. Luego mire. En la lejanía estaba la puerta. La luz del día, filtrada por la vegetación, era verde. Los barrotes dibujaban sobre esa luz una señal. Enfoque la cámara de nuevo e hice una foto.
          El día estaba radiante. Mientras me alejaba me detuve mentalmente. Aquello era aún más claro. No encontré ningún obstáculo nuevo después de eso…




14/10/17

Lláneces




El viernes trece de octubre me pase por el local del club para ver si hacíamos espeleo. Estaba flirteando con la opción de ir a la travesía Rubicera-Mortero. Pero yo sabía que para realizar esa actividad se necesita gente bastante motivada. En mi humilde opinión no es una actividad espeleológica dura pero puede resultar muy cansada si se tiene poca técnica o una forma física escasa. En realidad una de las veces que realicé la travesía iba con gente de escasa experiencia y no muy hábil. En total 10 personas. Tardamos 11 horas. No estuvo nada mal.
La opción a la que todos se apuntaban sin dudar era la del Hoyo de Lláneces. El fin de semana anterior lo habíamos sustituido por La Puntida  y había algún descontento que quería desquitarse. A mi también me apetecía Lláneces. Quedamos en La Cavada el sábado a las nueve.
Casualmente, mientras andaba por la Cavada, me cruce con Jaime&María. Iban a escalar al Mazuco. Últimamente siempre voy a contrapelo de los amigos con los que escalo e incluso de los amigos con los que hago espeleología de forma esporádica. Pero siempre, de una manera o de otra, volvemos a coincidir para compartir algo juntos. 
Poco después los seis que íbamos a Lláneces ocupamos por completo la furgoneta de Julio: Nano, Ana, Luci, María, Julio y yo. En Arredondo paramos a desayunar en un bar. Esto parece ser una constante en las actividades del SCC. Parar a desayunar pero también a conseguir el almuerzo que va a tomarse en la cueva. Sin duda es una fase preliminar esencial. No creo que nadie en el club se plantee ir a una cueva sin parar a desayunar. El desayuno es la comida más importante del día. Al menos eso dicen.
La búsqueda de Lláneces fue laboriosa. Primero nos confundimos de carretera. En vez de coger la que sube desde detrás de la iglesia tomamos la que va a lo largo del Asón río abajo. Después no identificábamos el punto de parking que otras veces habíamos usado. Yo recordaba un transformador, pero en realidad era una cabaña. Finalmente gracias GoogleMaps, y a un paseo que me di a lo largo de la carretera, pudimos dar con el sendero. En menos de diez minutos llegábamos desde el parking a la boca de la cueva salvando dos vallas de alambre.
Encontramos unas instalaciones para los pozos de calidad inmejorable: Argollas de acero inoxidable sobre anclajes químicos. Todo cómodo y simple. Primer pozo con una cuerda de 20. Segundo pozo bastaría una de 15. Tercer pozo-rampa con una de 30 y último salto con una de 20. En realidad el pozo-rampa se puede destrepar en parte, sin mucho riesgo, y así sólo se necesitaría una cuerda de menos de 15 en la zona de abajo. Durante la bajada de los pozos realizamos dos fotos con flashes.



Ya abajo hicimos una foto en el salto final y luego otra en el paisaje de formaciones. El almuerzo sucedió sin que yo me enterase demasiado. Después  avanzamos por el ramal oeste. No encontré la zona que recordaba haber visitado con Miguel pero me sorprendió una desobstrucción en marcha al fondo de la galería. Despojados de todos los trastos pasamos Ana, Nano y yo una gatera sopladora encontrando nuevas galerías al otro lado. Avanzamos bastante, hasta otra desobstrucción en marcha por la que se escapaba la corriente de aire.
A la vuelta fuimos revisando los bordes de la galería para intentar encontrar, sin éxito, lo que mis recuerdos me dictaban. Al poco Luci y Ana empezaron a hablar de salir ya porque ellas “iban a ir despacio”. Pero yo quería visitar el ramal este y hacer una foto. Mientras ellas comenzaban su ascenso, Julio, Nano, María y yo nos dimos una vuelta hacia el este y preparamos una foto bajo los hermosos pendants de esas galerías. A la vuelta, mientras algunos iban subiendo, hicimos otra foto, idea de Nano, en la que el protagonismo lo llevaba la sombra de un ser humano sobre una pared cargada de excéntricas.
Nano fue desinstalando y recogiendo cuerdas que fueron pasando a los que iban delante. En muy poco tiempo estábamos todos bajo el tremendo solazo, cambiándonos a ropa limpia, junto a los coches. Y unos minutos después aterrizábamos en Arredondo. Al bajarme del coche un perro grandón y negro me gruñó. Luego resulto ser el perro maleducado del bar al que entramos. La elección del bar fue debida al buen corazón de Julio: los otros bares están llenos de clientes y ese tenía muy pocos, ¡hay que darles de comer a todos! Una verdad que, en el fondo, nos benefició. Era un sitio tranquilo junto al río con muchos árboles. Allí, aparte de comer y de beber, volví a la carga con las expectativas de actividad en las próximas semanas. Quizás Wonderland, quizás El Patio, quizás La Rubicera, quizás, quizás…


8/10/17

Un poquito de espeleo



El viernes seis de octubre me pase por el local del club para confirmar el préstamo de los cascos con iluminación led. Los necesitaba para la foto del sábado. Y de paso quedamos para visitar el Hoyo de Lláneces el domingo. En total íbamos a ser cinco: Nano, Lucy, Julio, Juan(el joven) y yo. Quedamos a las diez de la mañana en La Cavada.
Por la noche, ya con la almohada, pensé que era un poco tarde, las diez, para ir a Lláneces, una sima, ya que yo debía estar a media tarde en casa y las cosas nunca van como esperas en espeleología. Al despertar se me ocurrió proponerles ir a La Puntida. Era una cueva de la que ya  habíamos estado hablando, estaba en la lista de cuevas a visitar y desde luego era muy interesante. Bonitos formaciones en mucho sitios, grandes salas y mucho donde hurgar. No me olvidaba de que en anteriores visitas percibí en varios sitios corriente de aire.
No me costó demasiado convencerles de la propuesta aunque Lici protesto un poco ya que ella tenía ilusión por Lláneces. En Liérganes paramos a desayunar. Se trataba del segundo desayuno de Nano pero del primero de Julio. Luego paramos a comprar pan y almendrados. Cuando llegamos a Ajanedo eran las doce casi. Entre los preparativos y las movidas del reparto de flashes para las fotos se nos hicieron las tantas. Pero finalmente subimos la cuesta entre hayas y alcanzamos la enorme boca.
Primero fuimos a visitar las salas finales todo al fondo. Hermosos sitios. Hicimos dos fotos. En una los protagonistas eran Luci y Juan y en la otra Nano y Julio. La técnica fue cámara a mano alzada y y flashes en la mano de los espeleos. En menos de diez minutos se resuelve una foto. Después fuimos a ver un pasaje entre bloques y una continuación que me había llamado la atención en una ocasión anterior. Lo que encontramos fue un sendero trillado, con hitos, que, aparentemente, volvía hacia la sala de entrada.
Regresando hacia la salida nos desviamos a la izquierda a una zona de galerías concrecionadas. Un pocete de cinco metros por el corría una fuerte corriente me llamo la atención como en veces anteriores. Montamos el pocete con dos cordinos anclados a puentes de roca naturales y descendimos Nano y yo. Parece que los demás no se animaron. Recorrimos muchos metros de galerías, con y sin corriente, durante unos tres cuartos de hora y volvimos hacia la salida sólo por no preocupar a los compañeros. Realmente nos quedo muchísismo por mirar.
En la cabecera del pocete un leyenda en el barro ponía FUERA. Enseguida estuvimos con ellos. Y enseguida estuvimos comiendo en un banco de Ajanedo las cositas que habíamos llevado. El tiempo estaba maravilloso, la compañía era agradable y teníamos tiempo para disfrutar. Aunque me supo un poco a escaso el tiempo que anduvimos cueveando…






7/10/17

El Equipo


Primera parte (primeros del 2017)

Un día, hace meses ya, fui a visitar a mis antiguos compañeros de trabajo. Les enseñé algunas de las fotos que estaba haciendo en cuevas. Creo que fue a Otilia, o tal vez fuese a mí, a quien se le ocurrió la idea de hacer una foto en una cueva del equipo, infantil o junior, del Racing. Esto era posible dado que Otilia mantiene una vinculación importante con dicho equipo. Ella es, además, profesora de Educación Física y por lo tanto sintoniza con facilidad con los chicos del equipo y con los entrenadores. Me gusto la idea. Consideré que difundir una foto como esa era una manera muy eficaz de llevar a los jóvenes el mensaje de que el Patrimonio Natural Subterráneo merece algún interés. O al menos de que aquí, en Cantabria, hay muchas cuevas y muy bonitas. Sin embargo era una idea difícil de realizar. Además de la aprobación de los padres (y de los chicos) era necesario el visto bueno del Jefe de Prensa y de la Dirección del Racing. Debido a la cantidad de compromisos y condicionantes de un club como el Racing los permisos para ir a hacer la foto no iban a ser pan comido.    
           Algo después, en primavera, volví a hablar con Otilia. Ella había hecho gestiones sobre el tema pero las cosas se retrasaban y no había respuesta concreta. Quizás en mayo/junio se podría. Si embargo los días pasaban y no había movimientos. Le sugerí ir a hablar yo mismo con el Jefe de Prensa y explicarle el proyecto. Pero eran fechas  complicadas para conseguir una entrevista. Así pues las cosas, y en parte por mis propios compromisos, las circunstancias aconsejaron posponer el tema a septiembre. De todas maneras intente dos gestiones para conseguir un equipo. Una fue el femenino de balonmano de Castro y otro el de remo de Maliaño. Las cosas no funcionaron.



 Segunda parte (septiembre y octubre del 2017)

            A finales de agosto reanudé mis contactos con Otilia. Me dijo que los permisos estaban conseguidos salvo el visto bueno de la Dirección. Durante la segunda quincena de septiembre permanecí a la espera y mientras tanto realicé dos salidas a la Cueva del Escalón para preparar la sesión. En una primera salida con Marisa localicé tres buenas zonas para la foto e hice varias tomas de prueba. En una segunda salida, yendo yo solo, tomé varias fotos de la zona de entrada para componerlas en un collage. Esto proporcionaría el paisaje de fondo de la foto con el equipo.
            La falta de respuesta por parte del Racing me empujo a buscar otros equipos. Fue a través de mi amigo Chus como conseguí contactar con un entrenador –Pedro- y con el director –Miguel- del Club de Fútbol Los Ríos. Sin embargo conociendo ya las dificultades que conlleva mover a un equipo de chicos junior no abandoné las búsqueda de otros posibles equipos.
Una noche que andaba por la Plaza Porticada visitando los stands de la Noche de la Investigación Científica me encontré con dos compañeras de espeleología, arqueólogas en activo, que andaban en el stand de esa disciplina. Les enseñé algunas fotos y Ana, una de ellas, me recordó que pertenecía al equipo femenino de rugby de la Universidad de Cantabria. Bingo!! ella quería ayudarme a hacer la foto y vendría con todas las compañeras que pudiesen. Hay que tener en cuenta que un equipo de rugby pone en el campo de juego a catorce jugadoras. Después de varios días, tras hablar con sus compañeras, consiguió que cuajase una cita para la foto con seis o siete jugadoras. El sábado ocho de octubre iríamos por la tarde a hacer la foto.
A las cuatro y media del sábado me reuní en Solares con Ana y María, arqueólogas ambas, Mary, profesora de francés, Lara, Valva, enfermera, y Egatia. Nos arreglamos en dos coches, el mío y el Prius de Lara. Cuando llegamos a Val de Asón la sombra de las montañas caía sobre la ladera Oriental de Peña Lavalle. Mejor que mejor para caminar. Las chicas del rugby tenían un espíritu positivo y colaborador y en poco tiempo todos estuvimos listos. Cuando les dije que al entrar en la cueva había algo de barro se rieron de mí. En el rugby se revuelcan en el barro.
Mientras colocaba los flashes en posición Ana fue a dar una vuelta por la cueva con las chicas. Para las tomas use un 55mm que, aunque no daba un campo suficiente para el paisaje, proporcionaba una nitidez perfecta. El paisaje ya estaba conseguido anteriormente. En media hora hicimos veinte fotos en todas las poses posibles. Incluidos varios lanzamientos del balón apepinado. Les propuse hacer varias tomas en otra localización más al interior. Una salita con el techo cuajado de formaciones y como telón de fondo la oscuridad de la lejanía. En cinco minutos estábamos en posición. Se trataba de un sitio más fácil que el anterior. Hicimos otras veinte tomas, recogimos todos los trastos y fuimos saliendo.
         Anochecía cuando llegamos al exterior. A Egatia, que cojeaba un poquito, hubo que ayudarla varias veces. Por el camino de vuelta paramos a visitar Coventosa. Siempre motiva llevar a gente no iniciada en la espeleo a una boca como la de Coventosa. Es un sitio perfecto para contar historias y batallas de espeleología. Siempre conviene echar el anzuelo a ver si a alguien le atrae el mundo subterráneo. En Arredondo, ante unas cervezas les continué contando bellas historias de espeleología. Aparentemente ninguna de ellas, salvo Ana, decidió ir más allá en estas cosas. Pero nunca se sabe…                                                              


13/9/17

Ancianos




El resultado de una prueba

Primera parte (de Marzo a Agosto del 2017)

En marzo hablé con la madre de Mavil y luego con Juan Parra. Quería que posase, si no la una sería el otro, en una mecedora ante el laguito de la Cueva de Isla Plana en el cual nadaría un, o una,  joven. El día 13 de junio, pensando que la foto era inminente, me fui a hacer unas pruebas. Había unos buzos y aproveche para intentar hacer una foto en que todo quedase bien. Pero eso era muy complicado: luz del día entrando, agua del lago, persona dentro del agua y persona fuera del agua. El problema de que no estuviesen movidos los modelos y que la luces fueran coherentes en la escena me pareció dificultoso. Cuando miré las pruebas entendí que no era posible -sin un trabajo de fusión de varias tomas- conseguir lo que deseaba.
Al día siguiente de haber quedado con Juan Parra éste me dijo por teléfono que no podía ir a hacerse la foto. Le iban a operar de cataratas en pocos días. Hasta que no le operasen no se movía. Cuando fui a hablar con la madre de Mavil me quedé de piedra. Se negó porque, al no gustarle cuevas, ni montañas, ni sitios salvajes –salvo el mar-, ella sólo podría transmitir una impresión falsa en la foto. Falsa admiración o falsa sorpresa o falso lo que fuese. Y eso no tenía sentido para ella, me dijo. Entonces pensé en mi tío Pepe. Me pareció que tenía buena pinta y que se movía con suficiente agilidad para bajar las escaleras de la cueva. Le llamé por teléfono. Estaba en ese momento en su casa de la playa pero me dijo que la semana entrante iba conmigo a hacerse la foto.
El día 16 de junio volví a hacer más pruebas y conseguir la luz ideal para modelo y paisaje. La técnica de fusión iba bien pero me di cuenta de un defecto: hay que tener mucho cuidado con los elementos que varían en las dos o tres tomas. Modelo y silla forman una unidad. Paisaje circundante otra. Además conviene que la profundidad de campo varíe muy poco.
El día 18 de junio Pepe me llamó desinflado. No podía ir porque él no estaba para esas cosas. No me dio explicaciones. Quizás fuera que había leído acerca de los buzos ahogados en la exploración de esa cueva o quizás su mujer, mi tía Mari, no se sintiese cómoda con la idea de que su Pepe se metiese en un agujero. Empecé a preocuparme seriamente. ¿Acaso no iba a encontrar ningún persona mayor, o anciano, para hacer una sencilla fotografía sentado en una mecedora? Decidí hablar con Paquita, una maravillosa persona, prima de mi madre.  
El día 19 de junio me acerque a ver a Paquita. Antes de pedirle que se hiciese la foto le enseñe un montón de fotos ya realizadas. Al principio albergaba muchas esperanzas con ella. Pero he aquí lo que me dijo: ella no se veía en eso, que estaba mal para ir tan lejos. Intenté convencerla unos minutos pero fue del todo inútil. Con este último caso, y si incluía el caso de Marujín para una foto similar en Cantabria, ya eran multitud los ancianos que se habían negado a posar dando unas razones u otras. La desesperación era una opción planeando sobre el paisaje anímico...
En dos lugares habitados por ancianos lancé una oferta de 50€ por posar en la foto: el Hogar de la Tercera Edad de Alguazas y el bar de Isla Plana donde se reúnen a jugar al dominó. El Hogar es un desierto en esa época del año, pleno verano, y no había nadie que sirviese. Sin embargo en Isla Plana un hombre mayor se interesó del todo. Pero cuando supo que había que bajar al laguito de la cueva, unas escaleras cómodas a plena luz del día, se negó. Allí se habían ahogado varios buzos y los fantasmas de esas personas iban a intentar dañar a cualquiera que baje allí. De nada sirvió explicarle que en todos lados ha muerto gente, incluidas las playas de Isla Plana, y que por esa regla de tres no deberíamos ir tampoco a esos sitios…
             Poco después se me ocurrió una brillante opción que me pareció sencilla y clara. Mi amiga Lola, profesora en el IES de Archena, y ya jubilada de su actividad profesional, posee una hermosa figura a pesar de haber superado hace tiempo los 70. Desde mi punto de vista era una opción ideal. Me costó varios días conseguir hablar con ella y tuvimos una larga charla. Después de explicarle mi proyecto ella me desgrano su situación personal. Me vino a decir que tenía tantos asuntos por gestionar, casi todos debidos a enfermedades de familiares, que no tenía tiempo ni de responder los whatsApps, ni de hablar por teléfono, ni de nada. Me dio ligeras esperanzas y me dijo que de poder solo lo sabría sobre la marcha. A lo largo del verano mantuve una chateo continuo con ella. Sólo respondió con un mensaje a los centenares que yo envié. Estaba dispuesto a enfrentar cualquier dificultad para realizar un buen trabajo. A finales de agosto Lola me hizo una llamada que se perdió. En breve le devolví la llamada pero ya no respondió . En días posteriores intenté, sin éxito, que me cogiese el teléfono más de veinte veces. Estaba claro que la cosa no iba bien. Pensé entonces en alguien que, por su cercanía a mí, había descartado hasta ahora. 



La madre de Mavil

 
Juan Parra y un amigo



Paquita

Segunda parte (Septiembre del 2017)

            Mi padre tiene 92 años, casi 93 ya, pero se mueve perfectamente. Camina kilómetros sin dificultades; baja y sube escaleras sin mayores problemas. La única dificultad es que se le olvida en unas horas la mayoría de lo que sucede a su alrededor. Sin embargo recuerda detalles ínfimos de su pasado: desde su infancia hasta la sesentena o más. En consecuencia si le explicaba que iba a posar en una foto podía parecerle bien pero pasadas unas horas, mientras íbamos en el coche, se le habría olvidado y de nuevo tendría que explicárselo. Decidí arriesgarme. En realidad no tenía nada que perder. Fijé la fecha de la foto: el miércoles 13 de septiembre.
            La noche anterior le expliqué a mi padre lo que íbamos a hacer por la mañana en Isla Plana: una foto con él sentado en un sillón. Como persona joven posaría en bañador Loli, una de las cuidadoras de mis padres, joven de unos 20 años guapa y encantadora. Por la mañana seleccionamos la ropa de mi padre e incluimos una chaqueta clásica. Como a las diez y media estábamos los tres en el coche saliendo de Alguazas hacia Mazarrón/Isla Plana. El calor iba notándose.  Eran ya las once pasadas cuando fuimos bajando todos los trastos por las escaleras de la cueva. Mi padre necesitó un poco de ayuda pero para la edad que tiene puede considerarse fantástica su forma física. Por suerte no había nadie ni buceando ni bañándose que interfiriese con nuestro despliegue. En verano es muy raro poder estar allí en soledad.
            Mi gran sorpresa fue la hermosa iluminación que producían los rayos solares en el agua del lago. Era debido a que su orientación e inclinación tenían los valores críticos para que incidiesen en pleno lago. En ese sentido la foto no iba a ser la misma que imaginé cuando, hace meses, hice las pruebas. Al principio eso me desconcertó un poco pero supe reaccionar adecuadamente y, con flexibilidad, aprovechar el nuevo encuadre que se me ofrecía. Hice las fotos de paisaje general y luego dispuse tres flashes, no eran necesarios más, y bajé la velocidad a 1/50 sg para congelar a los modelos en su posición. No necesité demasiadas tomas. Posaban bien. Finalmente, considerando la posibilidad de un collage que mostrase la mayor parte del lago, hice tres tomas de paisaje rotando la cámara, para cada toma, unos 45º grados más hacia la derecha. Antes de la una habíamos acabado y nos apresuramos a recoger. Había que volver rápido para hacer la comida y sobre todo para que mi anciana madre no se inquietase por nosotros.
            Ya de vuelta mi padre estaba feliz de haber vivido esa pequeña aventura. Nos quería invitar a tomar cervezas y tapas en Mazarrón. Pero otras obligaciones y deberes nos esperaban en Alguazas. Aunque bien habría estado disfrutar de esos felices momentos sin ningún recorte… y telefonear a mi madre para que siguiese tranquila.

 Mi padre

 Loli

10/9/17

Actores



José Almansa, Rocío y David Dadis

Primera parte (Málaga)

Durante la última quincena de agosto pasé con mi familia unos días en Málaga. Teníamos una hermosa casa en la costa, a las fueras, a unos cinco kilómetros del centro. Aparte de ir a la playa todos los días, fuimos varias veces al centro de Málaga y realizamos algunas excursiones por los pueblos cercanos. Un día, estábamos paseando por el centro, me sorprendió la actuación, performance o estatua, que representaban dos chicos jóvenes. Se trataba de dos ejecutivos a pleno rendimiento, ambos con sus trajes y zapatos de marca, sus móviles en la oreja, su maletín de ordenador el uno y su maleta Pepe Jeans el otro; en fin una puesta en escena magistral. Pero lo mejor era la fuerte crítica social que transmitían con su actuación. Algo que irritaba a más de uno, al sentirse tocado por esa imagen, pero que fascinaba a la inmensa mayoría.
Esos actores se me habían colado en la retina. Unas horas después seguía pensando en ellos. Y al día siguiente también. Llegué a la conclusión de que eran perfectos para una sesión de fotos en una cueva. No había sabido verlo en el primer momento. Como opción inicial se me ocurrió hacerles la foto en la Cueva de Nerja. Antes de ir a buscarles llamé a información y me dijeron que mandase un email al encargado de Conservación de la Fundación Cueva de Nerja para solicitar un permiso. Di por hecho que no me iban a poner problemas para hacer las fotos.
Dos días después me acerqué, era por la mañana, al centro de Málaga para hablar con ellos y proponerles una sesión. A pesar de dar mil vueltas por la hermosa zona monumental de Málaga -y de preguntar a otros actores callejeros acerca de ellos- no di con los actores por ningún lado. Me sentí desanimado ya que nos quedaban sólo dos días de estancia en Málaga. Además era finales de agosto y, según mi punto de vista, resultaba muy probable que hubiesen cambiado de aires. Navegando por la red Marisa dio con ellos: DadisyAlmansa se llamaban a sí mismos. Aparte de ser de Almería solo pude localizar sus páginas en Twitter y Facebook. Pero allí no había ningún número de móvil, ni tampoco email. Dado que mi hijo posee cuentas en las redes sociales le pedí que entrase en contacto con ellos para pedirles su número telefónico.
 Con el conservador de la Fundación Cueva de Nerja tuve un intercambio de emails ejemplar en cuanto a comportamiento clientelista en esta España de taifas/autonomías/ayuntamientos/fundaciones/otros. Sin embargo una breve investigación me mostró varias alternativas interesantes muy cercanas a Málaga. Entre otras la Cueva del Tesoro en el Rincón de la Victoria, importante población a unos diez kilómetros al este de Málaga. El lunes veintiocho de agosto por la tarde nos acercamos a ver la Cueva del Tesoro. Se trata de una cueva hipogénica formada por las aguas marinas y emergida posteriormente al bajar el nivel del mar. Las formas redondeadas y llenas de recovecos, típicas de las cuevas hipogénicas, producían una impresión de misterio difícil de igualar en otros tipos de cavidad. Lo que añadido a su amplitud, la buena urbanización del los caminos interiores y la suave iluminación la hacía perfecta para la foto. Pero no había conseguido contactar con David Dadis, ni tampoco con José Almansa. Yo les hacía en Almería.   

Segunda parte (Sorbas)

            En el entreacto había trasladado mi persona y enseres a Murcia. Parte del tiempo con la familia y parte en la costa. Las gestiones de mi hijo a través de Twitter habían seguido su curso. Finalmente tuve el teléfono de David Dadis. Le mandé un whatsApp y poco después hablé con él. Seguían en Málaga pero estaba en el aire que viniesen a Almería para realizar alguna actuación el fin de semana del nueve/diez de septiembre. Quedamos en confirmarlo sobre el día cinco. Por otra parte contacté con la oficina de información de la Cueva de Sorbas y pude hablar con el responsable de visitas. Aunque, usualmente, no dejen hacer fotos cuando le expliqué nuestro proyecto y sus objetivos no tuvo ningún inconveniente en apoyarnos. Además de dejarnos hacer las fotos nos pondrían un guía para acompañarnos a los puntos de realización de las tomas. Quedamos en confirmar fecha y hora cuando supiera la agenda de DadisyAlmansa. Y, por fin, tuve la satisfacción de confirmar una cita para hacer la foto con ellos el domingo diez de septiembre a las cinco en la Cueva de Sorbas.
Desde la zona de Murcia en la que habitaba hasta Sorbas el navegador daba una hora y media más o menos. Teniendo en cuenta que, antes de realizar la foto, me interesaba ver las localizaciones y de que deseaba hablar antes con la gente que lleva las visitas decidí irme pronto. El domingo a media mañana, utilizando la E15 hasta Vera y luego la A7, me acerqué a las Cuevas de Sorbas. En realidad en el karst de yesos de Sorbas hay muchas cuevas. La que convenía usar para realizar la foto, considerando la cantidad de trastos que teníamos que llevar, era la que llaman Cueva del Yeso (o del Barranco del Infierno) y en ésta la ruta básica. No me hizo falta visitar personalmente las localizaciones. Había varias topografías excelentes y libros de fotos donde se podía evaluar el interés de cada localización. Después de mirar con cuidado todos esos detalles comí en la terraza del restaurante que hay allí mismo. Y luego hice algo de tiempo leyendo.
A las cinco estaban en Sorbas DadisyAlmansa. Se habían pasado un kilómetro de la desviación a la entrada de las cuevas pero enseguida dieron con ello. Nuestra guía, de nombre Rocío, era una chica encantadora que nos facilitó gorros y cascos con iluminación de leds a los tres. Metimos los trajes en una funda de plástico y repartimos bultos. La maleta Pepe Jeans la llevaría David, los trajes José, la saca de flashes y trípodes Rocío y yo la mochila de cámaras. Aunque le ofrecí a Rocío llevar la saca pesada ella me dijo que estaba acostumbrada a llevar sacas en cañones y cuevas. Además era escaladora. En fin, una chica a la que le gustan los deportes de aventura y enfrentarse a las dificultades.
Un breve paseo nos llevó a la entrada de la Cueva del Yeso. Hasta la boca se recorre un curso de agua estacional embarrancado; es decir la boca es una surgencia. La ruta básica consiste en un recorrido a lo largo del curso de agua subterráneo que en época estival esta seco por completo. Llaman la atención los enormes cristales de yeso que brillan por doquier en las paredes. Caminando erguidos, salvo un breve tramo en que se gatea, en unos quince minutos accedimos a una interesante sala, creo que la llaman la Sala del Estrato, que me pareció adecuada. Aunque también me habían gustado las galerías de tránsito y una sala un poco antes. La dificultad en esta sala era encontrar un sitio plano con suficiente amplitud para la puesta en escena. Y también eliminar, de la imagen final, las ramas empotradas por el río en algunas zonas laterales.
Encontré una posición para las tomas retirándome un poco hacia el fondo. Podía controlar la posición de los actores, en el tercio izquierdo o en el tercio derecho del encuadre, según me interesase. Se veían bien el techo plano y la paredes cuajadas de gordos cristales de yeso. Hice unas pruebas de iluminación con Rocío y enseguida empecé la sesión en sí. En una hora había tomado suficientes fotos como para tener material de sobra. Recoger nos costo muy poco tiempo.
La charla entre Rocío, David y José fue un gran ejemplo de lo que viven los jóvenes españoles para salir adelante. Me parece bastante heroico el enfoque vital que sobrellevan. Hemos desembocado en un mundo de inseguridades vitales pero hay algunos que agarran el toro por los cuernos. En realidad siempre ha sido un poco así. David Dadis me contó que, aunque ha estado en muchas capitales europeas -incluidas Londres, Berlín, Madrid y Barcelona-, en donde mejor les han tratado autoridades y público es en Málaga. También que ha ido puliendo su personaje, el ejecutivo, teniendo que recortar algunos elementos excesivamente provocativos. Más tarde añadió a José Almansa lo que le dio una fuerza mayor a la puesta en escena. José Almansa me contó que, aunque tiene ancestros en Sorbas, nunca había oído hablar ni había visto la cueva. Cosas del destino.
Durante la vuelta a Murcia asistí a un hermoso atardecer. Las cosas habían salido extraordinariamente bien después de todo el lío. Y había tenido la suerte de conocer a unas personas maravillosas. ¿Qué más le podía pedir al día?  


En la Sala del Estrato

13/7/17

Καλυμνου


Aquel era un mundo de escaladores. Μυρτιές (Myrties) una pequeña aldea de Καλυμνου (Kalymnos) frente a la isla de Telendos estaba encajada entre un mar azul intenso, con pinceladas aguamarina en las zonas someras, y los precipicios de roca caliza donde se escriben poemas en la roca. Un cuaderno sin reglas para escribir un código minúsculo. Canciones, poemas, que nos planteaban difíciles coreografías, bailes que elevaban el cuerpo con el gesto justo, el equilibrio perfecto, el movimiento preciso.

Unos días antes, procedentes de Madrid (vía Düseldorf), habíamos aterrizado en la Isla de Kos, luego habíamos cogido un taxi al puerto de Mastichari, un ferry hasta Pothia y otro taxi hasta Myrties para derrumbarnos en Sunset Apartments.

Nuestro tiempo discurría entre los madrugones y las siestas. A las seis desayunábamos para luego acudir diligentes a la cita con la roca. El sol y el calor imponían sus leyes con dureza. El tiempo y las energías se agotaban a media mañana o algo después; eso dependía de nuestra habilidad para elegir el área adecuada a las circunstancias climáticas. Las cabras nos acompañaban siempre. El sonido de las chicharras, cuya intensidad era el termómetro que la naturaleza nos ofrecía de forma gratuita, y las cabras. A veces las cabras eran descaradas.

Luego huíamos al mar. La sombra de los tamarindos y el agua fresca y nítida acotaban esa etapa. A veces comíamos y otras veces merendábamos. Una disyuntiva interesante. Los restaurantes eran azules y blancos como los manteles y como las casas. A veces ordenábamos ensaladas con queso feta o calamares a la plancha o cabra guisada o dolmades o pescado a la parrilla. Pedíamos cerveza Mithos o Fixe, pero siempre en generosas botellas de medio litro. La influencia germánica.

Más tarde o más temprano nos refugiábamos en Sunset Apartments y poníamos el aire acondicionado. Entonces dormitábamos, leíamos o estudiábamos, mirábamos los whatsApps o hacíamos una mélange de todo ello. Luego nos aburríamos y hablábamos. Generalmente no decíamos nada significativo. Era una como otra coreografía, esta vez con palabras y frases.




Un día vino una ola de calor. Al calor habitual se le sumo el de la ola. No escalar al día siguiente era una respuesta posible. Sustituir la escalada por el turismo. En el mapa había marcadas algunas cuevas. Mire que se contaba en internet sobre las cuevas de Kalymnos. No era nada despreciable. Escogimos el plan de conocer algunas de ellas.

Primero fuimos a la de Skalia. Diez minutos tardamos en llegar desde el coche. Justo encima estaba el sector de escalada llamado Cave. La puerta estaba trabada con un cordino. Luego venía una escalera vertical de hierro. Eugenia se negó a entrar, sencillamente miedo, y Amelia puso la excusa de que había olvidado las gafas en el coche y que sin ellas no vería bien. Entramos Marisa y yo. Luego había otra escalera y una rampa. Se desembocaba en una gran sala bien decorada. El diámetro máximo superaba los 50 metros. Fuimos visitando los rincones y por el camino realizamos una foto pintada al paisaje. Hice tomas para montar a Marisa por capas. Cuando salimos hacía más calor aún.

Luego fuimos a Vathy/Rína por la carretera que atraviesa las montañas. En el fiordo de Rína preguntamos por barcas para ir a las cuevas costeras. No las había. Nos bañamos varias veces. De vez en cuando llegaban hermosas goletas cargadas de turistas en bañador -o ligeros bikinis- sobre la cubierta. Los rayos solares caían sin piedad. Entramos en un restaurante con terraza y probamos todos los aperitivos griegos que había en la carta. Los acompañamos con cervezas. Tomamos café y té para espabilarnos. Un velero atracado en el muelle exhibía las banderas catalana y griega. Les recriminé que no ostentase también la bandera española.

Ya por la tarde cogimos la carretera costera, atravesamos Pothia y tomamos la desviación a Vothyni. Por el camino paramos en un antiguo castillo y en dos monasterios. Luego tomamos el sendero que va a la ermita de San Andrés frente al islote de Nera.

La cueva de Kefalas estaba cerrada con una puerta de hierro. Por un lateral una gatera nos permitió entrar. Eugenia y Amelia no quisieron meterse. Nos esperaron en la puerta. Dejamos el dinero de los tickets sobre el motor generador de electricidad y continuamos por la senda turística. La cueva era pequeña pero con encanto. La única característica que destacaba era el gran enjambre de estalactitas cónicas, de un palmo más o menos, que llenaban por completo el techo de la sala principal. No se parecía a ninguna otra población de estalactitas que yo haya visitado. Algunas desviaciones me entretuvieron un rato.

Cuando salimos atardecía. Estábamos cansados de circular todo el día y volvimos a Myrties. Por el camino vimos una pescadería en Pothia. Yo pensaba que podía ser una buena idea comprar algo de pescado y cocinarlo en Sunset Apartments. Pero las chicas no estuvieron de acuerdo. Así eran las cosas.




25/6/17

Neptuno


09/06/2017

A lo largo del mes de junio debía sacar adelante varias sesiones fotográficas. Una de ellas en la Cueva Neptuno de la Cala Aguilar, cercana a Cartagena. El día nueve de junio conseguí que dos amigos, Antonio(dF) y Lola, se vinieses para hacer una pruebas. Quedé con ellos temprano, en una gasolinera cercana a Espinardo, y nos fuimos hacia Mazarrón en el coche de Antonio(dF). Se paso una hora intentando que el Tomtom le guiara de forma efectiva hacia nuestro destino: Campillo de Adentro. Parecía constituir un principio ineludible el uso de aquel cacharro incordiante.  Considerando la terca atmósfera que generaba la tecnología decidí entretenerme enredando un poco y charlando con Lola.  
Desde Campillo de Adentro avanzamos por la pista que conduce al Bolete hasta que rodar con el coche se puso un poco difícil. No quise animar a Antonio(dF) a continuar con su todocamino por si se complicaba todavía más. En consecuencia sacamos los trastos, repartimos peso y nos pusimos en marcha. Lola pregunto que cuanto se tardaba: una hora y media. El sol estaba matizado por nubes finas que aplacaban la radiación. Al principio la pista llanea y luego baja, trazando amplios zigzags, hacia la casa de la guardia civil. Poco antes de llegar a esa antigua casa se toma un ramal de la pista hacia la izquierda que acaba transformándose en una buena senda. Se trata de un sendero GR que recorre la costa. Desde ese punto, caminando sin prisa, en menos de media hora se alcanza Cala Aguilar.
Durante la instalación de la diminuta sima le dije a Antonio(dF) que no me marease. Su punto de vista era el del macho superprotector. Como teníamos pocas chapas y sólo treinta metros de cuerda opté por el proyecto más económico: un tramo ladeado hasta la plataforma y otro tramo directo al suelo de la cueva. En menos de diez minutos estábamos bajando la rampa arenosa que conduce a la orilla del lago. Me descargué y empecé a estudiar el encuadre. Finalmente elegí uno que me pareció ideal. Sin embargo más tarde, al ver las pruebas, comprobé que la ratio azul/roca es un poco escasa. Si aumentase la cantidad de lago azul se incrementaría el impacto visual. Cuando vayamos a hacer las fotos reales me lo pensaré de nuevo.
Primero hice fotos sin flash intentando que se quedasen muy quietos. El lago y la roca quedaron geniales pero los modelos movidos. Luego hice fotos con flash en las que los modelos quedaban congelados pero el paisaje en sombras. Con las pruebas hice una fusión entre una toma de tipo exposición y otra de tipo flash en las que todo quedo aceptablemente pasable, pero no todo lo bien que me gustaría. Mientras aumentaba mi colección de tomas los modelos se bañaron. Luego me bañé yo.
Un rato después bajo un grupo de turistas con la empresa Portuskayak. Aproveché para tomar algunas fotos del grupo contra el azul profundo del túnel submarino. Recogimos todo y en diez minutos estábamos fuera. La Cala Aguilar nos ofreció un baño extraordinario. El agua estaba en su punto, no tan fresca como en el lago marino pero tampoco como el caldillo de agosto. Por mi me hubiera quedado hasta más tarde disfrutando del mar salao pero Antonio(dF) quería beber cervezas y comer en un sitio de mesa y silla. Nos pusimos en marcha pensando en la cuesta arriba que nos esperaba en plena siesta. Generosamente Antonio(dF) nos ofreció quedarnos en la casa de la guardia civil con todas las mochilas. Él iría mientras tanto a por su todocamino y volvería hasta la casa y nos recogería. Encantados con la situación Lola y yo nos refugiamos bajo una buena sombra, picamos algo y charlamos de todo un poco.
El pito del coche de Antonio(dF) se oía tan bajo que cuando nos vinimos a dar cuenta estaba enfadado. Por el camino de vuelta recogimos a una familia, padres y dos niñas, desfondados por el sol. Nos encaminamos directamente, por la rambla, a Antípodas en la Azohía. El camarero dijo que no tenía nada para comer, solo almendras y aceitunas. Antonio(dF) se indignó pero todos acabamos comprendiendo que las costumbre españolas imponen, a media tarde, un descanso en la cocina para que las cocineras puedan aguantar el segundo asalto de las cenas. Nos comimos el jamón ibérico y las avellanas que yo había llevado con cerveza. Como no tenía que conducir yo me bebí un montón de botellas. Eso me alimento de sobra.
            La vuelta constituye un episodio algo borroso. El sol que habíamos tomado y las cervezas que ingeridas hacían su efecto. Casi todo discurrió sin sobresaltos salvo una peligrosa maniobra que nos implicó. Un coche con gallos jóvenes se nos cruzo para adelantarnos, algo que saco de quicio a Antonio(dF). La situación de peligro inútil y gratuito nos llevó a hablar de muchos temas. Pero el que más tocamos fue el de la estúpida educación familiar moderna en que nada parece estar en su lugar. Él es un abuelo muy consciente…  Y yo también.





25/06/2017

Poco después de salir de casa me di cuenta que no llevaba el móvil. Olvidado quedado había encima de la mesilla. Me preocupé muy poco tiempo por ello. Las citas estaban fijadas y si algo no salía como había previsto no iba a pelearme con el destino. En realidad lo consideré una liberación. En Canteras me paré a tomar un cortado y a considerar la situación general. Bien visto era todo un triunfo haber citado para la foto a Marta y Celia y tener como acompañante a Pedro. Sin embargo las citas fallidas eran tantas que no podía creer en el éxito hasta tanto no se hubiera acabado la acción.
Era temprano, poco más de las nueve, pero en el Portús aparcar no estaba nada fácil. Conseguí meter el coche en una zona de sombra, en el extremo nordeste del pueblo, cerca de la valla de protección contra desprendimientos. El pescador Julián y su barca había sido una de los muchos contactos e intentos que había desarrollado entre La Azohía y el Portús a lo largo del fin de semana anterior. Varios pescadores y varios centros de buceo me habían dado una negativa por razones legales o por falta de interés. Solo dos posibles candidatos habían sido positivos. El centro de buceo Amigos del Azul nos llevaba por 20€/persona en días laborables pero en festivos y fin de semana les era imposible. El pescador Julián nos llevaba por 25€/persona en fines de semana. Acordamos que nos recogiera el domingo día veinticinco a las nueve y media en la playita del Portus.
Al filo de la hora de cita vi pasar el VW de Pedro buscando aparcamiento. Les hice señas con la mano pero no me vieron y continuaron hacia la salida del pueblo en donde, seguramente, habría más sitio para aparcar. Del pescador y su barca no había ni rastro. Si pasaba algo -y me llamaba- no tenía forma de contactar. Unos minutos después llegaron Pedro y las chicas y me presentaron a Celia. Volviendo la mirada a la playa vi un barquito de pesca con un chico encima. Le hice señas pero no pareció darse por enterado. De detrás de mí surgió Julián, un hombre fornido con pinta de pescador. El de la barquita era su hijo.
La barca, de poco calado, se acerco a la orilla. Las olas apenas rompían. Embarcamos descalzos y Julián estibó las mochilas en un compartimiento seguro cercano a la proa. Navegábamos hacia Cala Aguilar muy cerca de los acantilados. Aproveché esta oportunidad única para escudriñar los escondidos rincones de la costa. Cerca del risco que llaman Cigarro –o Puro- observé un sistema de pasamanos, con cuerdas nuevas, que permitía llegar hasta su base. El mar estaba bastante tranquilo y más, si cabe, al acercarnos a la Cala Aguilar. Desembarcamos de un saltito sobre la playa de grava. El agua estaba cristalina. Citamos a Julián para las cuatro de la tarde aunque, por mi parte, yo me hubiera quedado hasta el atardecer.
Pedro no quiso acercarse hasta la entrada de la cueva Neptuno por la empinada senda. Su rodilla no le deja mucha movilidad. Creo que se trata de los ligamentos cruzados. Marta, Celia y yo subimos con todos los trastos. Yo tuve que hacer dos viajes: la mochila de material fotográfico, la mochila de cuerdas, escalas, mosquetones, arneses y elementos de seguro y mi pequeña mochila de cositas de comer y cositas de baño. Cogí un buen recalentón en pocos minutos.
Al ponerles los arneses a las chicas me lleve un gran susto. De los dos arneses que traía el primero que cogí se lo intenté poner a Celia. Pero como es tan menudita no había manera de ajustárselo. Esos dos arneses los había cogido prestados del material de Joaquín y me entró la terrible sospecha de que eran demasiado grandes. Por suerte el otro arnés le ajustó de maravilla. Les expliqué el manejo de los cabos de anclaje y como son inteligentes lo entendieron a la primera.
La instalación de la pequeña vertical me llevo poco tiempo y poco discurrir. Volví a subir para que bajásemos los tres juntos y, también, a por la saca de material fotográfico. Para el último tramo de bajada las aseguré con un descensor ocho. En cuanto nos despojamos de los arneses bajamos a la orilla del lago. El frescor era gratificante. Mire el azul intenso. La piscina más hermosa que pueda imaginarse.
La siguiente hora me la pasé subiendo y bajando por la pedrera para encontrar ese encuadre genial en que el agua ocupase la mayor parte de la escena. Como alternativa a lo que había probado el día 9 me fui al extremo izquierdo del lago. Después de un montón de disparos de prueba y de intercambiar los objetivos llegué a la conclusión de que el encuadre equilibrado que más agua mostraba era el del día 9.
Antes de empezar a disparar a las modelos hice unas cuantas fotos del paisaje con exposición prolongada. Mientras yo hacía eso ellas se vestían con los trajes en una zona algo más plana. Nos tiramos entre una y dos horas haciendo tomas con los dos trajes iniciales. De alguna manera la cosa osciló entre una actitud meramente contemplativa, a la que ellas llamaban metafísica, y otra en la que mostraban una débil sonrisa, a la que yo llamé Gioconda. Cuando agotamos las posibilidades de expresión, cambios de postura y cambios de posición me propusieron cambiar de vestidos.
Los primeros habían sido largos y de colores fríos: verde para Celia y azul suave para Marta. Ahora iban a ser blanco para Celia y azul oscuro, casi negro, con lentejuelas para Marta. Para cambiarse montaron un segundo vestuario algo más abajo y, quizás, más cómodo que el primero. El ambiente fresco hacía que el trabajo fuera agradable. Se empezaron a oír voces arriba. Venía un grupo. Cuando estábamos con las fotos aparecieron varios visitantes que se pararon un poco más arriba para no interferir. Hablé con ellos. Eran de un nuevo grupo de escalada/senderismo afincado en Ceutí. Entre ellos había una chica que me reconoció como su profesor de matemáticas -3º ESO- en Archena. Por su parte ella se había convertido en profesora de inglés.
Seguimos haciendo fotos pero dejé que las modelos se inventaran la escena. Hicieron un poco de todo, incluso peinarse la una a la otra. El grupo de Ceutí  había invadido el escenario y un grupo de Portuskayak se disponía a hacerlo también. Cuando pregunté la hora eran las dos y media. Hicimos la última toma, recogimos los trastos y nos dimos un baño de azul profundo. A Celia le costó un ratito entrar porque, según dice ella, es friolera.
Mientras terminaban de cambiarse subí a la base de la sima y realicé dos porteos hasta la repisa intermedia con las sacas. De esa forma pude ahorrar algo más de tiempo para poder estar fuera con Pedro. Desde la repisa intermedia aseguré a las chicas que treparon sin problemas ayudándose un poco de las escalas. Mientras ellas seguían hacia arriba por el pasamanos recogí las escalas y la mayor parte de los trastos. Finalmente salimos al caluroso exterior recogiendo el resto del material. En la playa nos esperaba Pedro. Me refugié bajo los toldos de Portuskayak pero las chicas y Pedro se quedaron justo donde la barca nos iba a recoger. Un baño genial en el mar nos hizo sólidos de nuevo. Aunque yo iba acusando el cansancio acumulado.
         La vuelta en la barca fue algo más movida. Soplaba viento de proa y el oleaje era notable. Las salpicaduras y los vaivenes me preocuparon por un momento. Pensé que el agua podría entrar en el compartimento en el que iba la mochila con las cámaras. Pero Julián me dijo que no pasaba nada. Como se había nublado un poco el sol no nos castigo en exceso. En la playa de El Portús le pagué a Julian lo estipulado y le hice propuestas de disminución de costes para otras ocasiones. Me pareció un tipo majo. Tras una deliberación corta decidimos parar a comprar cerveza en el mesón que hay en Galifa bajando al Portús. Pero la parada se convirtió en una sentada frente a una ensalada y unos pescados en salazón. Delicioso si lo mezclas con una cerveza helada. Luego Pedro fue a dejar en su casa a Celia y yo fui a casa de mis primos directamente. Mientras llegaba Pedro charlé un poco con mi prima Marijose. El resto de la tarde nos la pasamos, Pedro y yo, hablando de cómo va el mundo. Sin duda nuestras manera de enfocar la situación hubiera sido tachada por casi todos mis conocidos como políticamente incorrecta. A nosotros nos sirvió como una manera de soltar lastre. No es asunto que vaya a tratar en este blog, ni discutir en ningún otro sitio, dado que eso no cambiará nada de lo que está ocurriendo…